Una antigua leyenda cuenta la maldición que cayó sobre un rey y sus guerreros más fieles. Este desdichado y noble caballero fue tentado por el dios de la oscuridad a convertirse en su avatar, su emisario en la tierra de los mortales.

Niar, que así se llamaba el valiente gobernante, rehusó firmemente transformarse en un lacayo del caos. El dios de la noche, furioso, se enfrentó a él y pese a caer derrotado por la mano de un mortal, antes de ser desterrado a la oscuridad divina, maldijo al caballero doblemente. Se llevó la vida de su amada, y creó una tormenta en su alma, que le impediría recordar el nombre de su reina y no dejaría desahogar su tristeza con lágrimas ni lamentos. Se vería obligado a deambular bajo la lluvia, siempre en busca de ésta. Estuviera donde estuviera. Sus únicas lágrimas, sólo podrían ser las gotas caídas del cielo, jamás volverían a aparecer en su rostro para dolor de su alma.

En su desdichado y absurdo camino, se fue forjando por los países que transitaba, la leyenda del caballero de la lluvia. Y poco a poco, sin siquiera desearlo, se fueron uniendo a él un grupo de hombres y mujeres que, vacíos de espíritu o torturados por una tormenta interior, quisieron seguir sus pasos. En pocos meses un ejército de desdichados recorría el mundo de punta a punta, siempre buscando algún lugar donde lloviera.

Esta dantesca situación, llamó la atención del neutral dios de las tormentas, quien ofreció a estos inesperados devotos, una salvación... Existía una isla, llamada la Isla de la Luna Nueva, donde jamás dejaba de llover. Así se lo hizo saber en un sueño al rey maldito, y junto con su improvisada legión, encontraron una razón por la que luchar y vivir: encontrar ese lugar donde podrían descansar, y no vagar eternamente como nómadas de las tormentas.

Tras varios años de incansable búsqueda, finalmente dieron con la mágica isla y allí, el dios de las tormentas para recompensarles, creó un fabuloso castillo donde podrían descansar eternamente. Su paraíso particular, repleto de todo tipo de comodidades y lujos. La legión entera se adentró en tal maravilla de construcción, ...todos salvo uno. A Niar, no le satisfacía completamente, necesitaba algo más. Quería recordar el nombre de su amada. El dios de las tormentas le ofreció esa posibilidad, pero a cambio le hizo jurar por su honor de caballero, que cuando el mundo estuviera en peligro y necesitara la ayuda de un valeroso ejército, él y su legión de la lluvia cabalgarían a su favor sin temor a la muerte.

Y de esta manera fue como nacieron los caballeros de la lluvia, quienes poco a poco han ido cayendo en el olvido de las historias de las frías noches invernales de taberna... En estos tiempos, tan sólo queda dicha leyenda y el grito de guerra de estos caballeros: Up your face, Rain embrace!

Si quieres conocer la leyenda completa, puedes hacerlo desde la sección de RELATOS, en la Torre de Sharkmoon.