

Los rumores corrían de casa en casa, de taberna a posada, entre ancianos y comerciantes hasta mendigos y nobles aristócratas del reino de Cronia. La reina no era fértil. Muchos años llevaban casados los actuales regentes y era muy extraño que no hubiera ya un primogénito en la casa real. En este caso, y como casi nunca suele suceder, los rumores eran ciertos. El rey, tras haber implorado ayuda a los dioses y haber consultado a los clérigos sin ningún resultado, decidió ir a ver a un poderoso druida quien tal vez podría ayudarle. Éste le facilitó una pócima avisándole de que su contenido era muy potente y podría causar algún efecto no deseado en el neonato. Pero la decisión final era suya. El rey de Cronia valoró la situación, y no había nada más deshonroso para él que no tener descendencia, así que le dio la pócima a su esposa quien también apoyó su decisión.
Así fue como nació el día 109 de la era del Fénix el heredero al reino de Cronia. Los rumores desaparecieron y los súbditos de la nación estallaron de alegría al conocer la noticia, por fin se aseguraba la descendencia de la sangre azul, quienes históricamente defendieron con honor a su pueblo y eran muy queridos por los plebeyos.
El niño fue llamado CIX y para alivio de sus padres no parecía tener ninguna enfermedad ni mal físico, tenía una salud envidiable. No fue hasta años después cuando se manifestaron los síntomas que profetizó el druida. Cix tenía 9 años y jugando con su padre a combatir con espadas de madera, sufrió un ataque de ira y encolerizó perdiendo el control. Sus ojos se inyectaron en sangre y sus pequeños músculos se hincharon por encima de lo normal, atacó a su padre con la furia de un titán y el rey con gran dificultad consiguió reducirle. El pequeño Cix poco a poco se fue calmando y quedó inconsciente. Su padre acudió desesperado al clérigo curandero del reino, quien no dudó al dar su diagnóstico. Este niño tenía la enfermedad de Berserker. Una maldición que vive en algunas personas quienes en un alto estado de nervios pueden encolerizar y perder el control llevando a cotas extremas sus capacidades físicas y anulando las mentales. No existía cura ninguna.
Los reyes desesperados, comprendieron que si aquella noticia se hacía pública, su hijo sería destronado, ya que nadie se postraría ante un rey berserker, sería rechazado y probablemente ejecutado en alguno de sus episodios de ira. En un último intento de buscar una solución, la reina acudió con Cix a ver al druida que les facilitó la pócima. Le suplicó que les ayudara a buscar alguna manera para que Cix pudiera controlar su enfermedad. El druida, sintiéndose en parte culpable de lo ocurrido, aceptó a intentar buscar una solución, pero debería dejarle al niño 3 años.
Los reyes difundieron la noticia en Cronia con el subterfugio de que había marchado con un mentor a conocer mundo para ser un mejor rey más sabio. De esta manera nadie sospechó nada.
Durante los siguientes tres años, el druida sometió al pequeño CIX a una serie de duras pruebas para poder controlar su ira. El nivel de autocontrol fue aumentando pero nunca llegaba a poder evitar los episodios de furia una vez que estos estallaban. Hasta que en uno de ellos acabó con la vida del druida. Curiosamente aquel día fue a los tres años que se cumplía la marcha de Cix de Cronia. Es muy probable que el druida conociera el final que le esperaba y lo asumió con sabiduría y responsabilidad. Desde aquel día, Cix cada vez que sentía cómo la furia de fuego del berserker se apoderaba de él, veía el rostro de su mentor y esa ira incontenible, desaparecía mágicamente.
Cix regresó sólo al reino de Cronia, fue recibido como un héroe. Un muchacho de sólo 12 años había atravesado peligrosos bosques en solitario para regresar a su pais. El muchacho no contó nada, ni a sus padres, quienes fallecerían sin saber nunca nada, ni a la mujer que hizo su reina.
Años después Cix fue coronado y llegó a ser el líder más popular, no sólo de Cronia, sino de todos los reinos cercanos. Su sentido de la justicia y del honor, y su carisma al frente del ejército en las batallas le convirtieron en un héroe. Era sorprendente verle luchar contra las hordas del mal, sus soldados comentaban en las hogueras de campamento que parecía un diablo cuando luchaba, con sus ojos inyectados en sangre y la mirada de aquel que no temía a la muerte. Comentaban haberle visto arrancando de cuajo la cabeza de un minotauro. No se equivocaban demasiado, ya que Cix había llegado al nivel de poder desatar la furia de Berserker pudiendo controlarla hasta el límite para no perder el control. De esta manera jamás atacaba a sus aliados ni cometía actos atroces típicos de aquellos que padecen esta enfermedad.
Al tercer año de su reinado sucedió algo que cambió para siempre la vida de Cix. Se encontraba paseando de noche por los jardines del castillo con su esposa, y decidió contarle su secreto. La reina le agradeció la confianza depositada en ella y le juró que jamás se lo contaría a nadie, y que esa enfermedad no cambiaba el amor que se profesaban. La mala suerte propició que muy cerca de allí se encontrara escondido un ladrón que pretendía acceder al castillo para probar algo de valor. Este bandido se encontró con un tesoro mejor de lo que había pensado. Al día siguiente se presentó ante Cix, y pidió hablar a solas con él. El rey, accedió a la petición pese a la desaprobación de sus hombres. En aquel instante, el ladrón intentó chantajear a su rey amenazándole con contar a todo el mundo su secreto, la enfermedad que padecía, lo que sin duda, acabaría con su reinado.
Cix entró en cólera y por primera vez la ira del berserker pudo con él. Perdió el control y destrozó al pobre desgraciado. Los gritos inhumanos y los golpes salvajes alertaron a los hombres de confianza de Cix, quienes entraron en la sala y horrorizados contemplaron aquella cruenta escena. La sangre goteaba por todas partes y no quedaba nada reconocible del ladrón. El rey, al ver a sus hombres, recobró el autocontrol, pero era demasiado tarde. Su secreto había sido desvelado. Pidió a sus hombres que no contaran nada a nadie, que había sido un episodio aislado. Aquellos a quienes consideraba sus amigos le traicionaron y comenzaron a discutir entre ellos para ver quién era el más apto a suceder al rey. Lo peor para Cix no fue esta traición propiciada por la codicia, sino ver a su reina mirándole a los ojos aterrorizada y salir corriendo para no volver a verla jamás.
Cix fue destronado y desterrado entre insultos y abucheos de aquel que había tenido a su pueblo engañado durante todo este tiempo. Los gritos de pelea entre sus posibles sucesores fueron el último recuerdo del reino al que nunca quiso regresar.
A su mente acudió el recuerdo de una leyenda que le contó su mentor en aquellos años que convivió con él en el bosque. La leyenda de Niar, el caballero de la lluvia. Ese sería el único lugar al que Cix podría ir a parar. Y su única pista para encontrarlo era caminar bajo la lluvia...